La energía rusa será difícil de sustituir, advierte el Banco de Pagos Internacionales

Para la entidad, la crisis energética no solo puede convertirse en un obstáculo para el conjunto de la actividad económica, especialmente, para la producción industrial, sino también elevar los precios internacionales de los cultivos.

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Muchas economías tendrán dificultades para compensar las amplias restricciones o el retiro de las exportaciones rusas relacionadas con el petróleo, afirma el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en su último informe titulado ‘Mercados de productos básicos: choques y efectos secundarios’.

La actual crisis energética podría dar lugar a precios de petróleo permanentemente elevados, con efectos secundarios que, además, sumarían presión al alza en el precio del maíz y las semillas oleaginosas al aumentar su uso en la producción de biocombustibles, como el etanol y el biodiésel.

Los productos petrolíferos rusos tienen una enorme presencia en los mercados internacionales. La mitad de su producción total de crudo se exporta directamente, lo que supone el 10% de las ventas mundiales. La otra mitad se destina a la obtención de destilados. Rusia aporta el 15% de las exportaciones globales de gasóleo y gasóleo de calefacción. Según el informe, su retiro del mercado supondría un «importante choque negativo para la economía mundial».

Por lo tanto, habría que compensar una parte sustancial de los derivados del petróleo ruso y esta sustitución requeriría una gran inversión en las producciones de crudo y gas. Sin embargo, actualmente no se detectan señales de estas inversiones. «La débil confianza hacia las empresas energéticas, quizás impulsada en parte por las políticas climáticas, puede estar haciendo mella en los incentivos [de las grandes empresas] para invertir», señala BPI.

El impacto de la crisis energética

La organización también afirma que el conflicto en Ucrania «presionó al alza el precio de algunos productos agrícolas». Esto ocurrió tanto por las restricciones de suministro, ya que Moscú y Kiev son grandes exportadores de cultivos, como por el aumento del costo de los combustibles, pues los alimentos tienen que ser transportados.

Además, los grandes y persistentes aumentos del precio del petróleo pueden impulsar el valor de los cultivos que se utilizan como insumo para la producción de biocombustibles, como el etanol y el biodiésel.

Sin embargo, el valor del gas natural, que desempeña un papel fundamental en la producción de electricidad, también ha aumentado, especialmente en Europa. «Las sacudidas en los precios del gas van a tener un efecto material sobre el precio de la electricidad«, afirma el BPI. En general, el sector manufacturero es el principal usuario de este tipo de energía, utilizando más del 40% del consumo total a nivel planetario.

«El impacto de las interrupciones del suministro de gas en los precios de la electricidad probablemente afectará a la actividad económica mundial, sobre todo a la industria manufacturera», afirma el informe. Los efectos de esta influencia se irán acumulando con el paso del tiempo y podrán ser plenamente visibles recién 50 meses después del aumento del precio de la electricidad.

«El retraso probablemente refleje la cobertura de los costos para los grandes consumidores o los contratos a largo plazo con las generadoras o distribuidoras de electricidad. El impacto de la sacudida crece a medida que esas coberturas expiran y se activa la indexación de los contratos», explica el Banco.

Sin embargo, el BPI espera que la crisis actual acelere la transición ecológica y reduzca la dependencia de la economía mundial de los combustibles fósiles, lo que acabará reduciendo su precio.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) es una organización financiera internacional, propiedad de numerosas entidades bancarias centrales con sede en Suiza. Denominado «banco de los bancos centrales», el BPI fomenta la cooperación financiera y monetaria internacional entre estas instituciones. Asimismo, es conocido como centro de investigación económica.