A 105 años de su creación, ¿necesita México una nueva Constitución?

México se rige bajo una constitución política que fue redactada hace 105 años para establecer una reorganización nacional tras vivir una guerra civil que acabó con un régimen de más de 30 años.

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Para los autores Javier Garciadiego y Sandra Kuntz, la Carta Magna del 17 no fue una propuesta radical, pero ayudó a crear un Gobierno presidencialista y centralista que abarcaba la mayoría de los temas políticos, culturales, económicos, sociales y diplomáticos del momento.Sin embargo, en 105 años el mundo ha cambiado radicalmente: desde el avance tecnológico que ya llega a las monedas digitales, el reconocimiento de los derechos políticos y sexuales de las mujeres, y hasta la forma en la que se ve el límite entre el trabajo y la vida personal de los trabajadores con modalidades como el home office.

Todos estos cambios, a través de reformas, han logrado entrar a la Constitución mexicana, pero ello ha provocado que se acumulen más de 700 reformas, convirtiéndola en una de las Cartas Mangas más ‘parchadas’ que existen.

Ante esta situación, ¿vale la pena plantear una nueva Constitución como recientemente lo hizo Chile? En el centenario de la Carta Magna, el 60% de los mexicanos opinaba que sí era necesario hacerlo pues consideraban que «ya no responde a las necesidades del país», de acuerdo con la Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional: los mexicanos y su Constitución, elaborada por integrantes del Departamento de Investigación Aplicada y Opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (IIJ-UNAM).

En entrevista para Sputnik, el doctor Óscar Cruz, investigador del IIJ-UNAM, opina que la Constitución más que desfasada se encuentra en una situación en la que no se le respeta ni se aplica, por lo que, más que una nueva Carta Magna, se debe trabajar en el reforzamiento de su cumplimiento.»Con la que tenemos funcionamos, y funcionamos razonablemente bien.

Es un problema de aplicación de la Constitución donde las autoridades han fallado en su responsabilidad de aplicarla», aseveró el director del Área de Historia del Derecho del IIJ-UNAM.Para Cruz Barney un nuevo texto implica, en forma y fondo, proponer un nuevo proyecto político, lo cual no ha ocurrido, ni en el gobierno actual a pesar de su narrativa de transformación política.

Por su parte, Harim Gutiérrez, historiador por la Universidad Autónoma de México, comentó para Sputnik que la Constitución que se aprobó en 1917 es completamente distinta a la que se tiene actualmente por todas las reformas hechas a lo largo de su historia y que han ayudado a los presidentes a consolidar sus proyectos políticos, principalmente después de que cayó el régimen priista en el 2000.

«Cada vez que se cambió el poder en México había un nuevo acomodo de intereses, había nuevos pactos dentro de la sociedad, y eso se tenía que reflejar en la ley», aseveró.Algunos ejemplos de estas modificaciones son desde el reconocimiento pleno de los derechos políticos de las mujeres, en 1953, la nacionalización de la banca en el sexenio de José López Portillo, así como la incursión de México en el modelo neoliberal en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

En este sentido, el doctor Óscar Cruz considera que «más que repensar nuestro contrato social lo que hay que hacer es un esfuerzo educativo importante con una concientización respecto al cumplimiento de la ley», aunado a una revisión integral de la Carta Magna para reestructurarla.

«Hace falta una revisión integral del texto constitucional y una reordenación del texto constitucional. Eso no quiere decir cambiarlo, pero sí reordenarlo, reestructurar la Constitución para hacerla más razonable, racional, más sencilla que como la tenemos ahora», sostiene.

Las reformas constitucionales de la 4T

Ambos especialistas consultados coincidieron en que, a pesar de la narrativa oficial, la Cuarta Transformación todavía no ha consolidado una verdadera transformación constitucional y más bien ha impulsado su propio proyecto político, a pesar de integrar figuras inéditas como la consulta de revocación de mandato.»Todo nuevo gobierno en las últimas décadas ha llegado con una serie de reformas legales y constitucionales», mismas que pueden impulsar con menor o mayor facilidad dependiendo de su fuerza en el Poder Legislativo, recuerda Gutiérrez Márquez.

En este tenor, el historiador de la UAM considera que el momento para plantearse una nueva Constitución fue cuando recién inició el Gobierno de López Obrador, pero, a pesar de que sonaba viable, en la práctica resulta más favorable impulsar reformas constitucionales en un Congreso con mayoría que convocar a una Asamblea Constituyente, lo cual resultaría conflictivo y más desgastante a nivel político.

«Creo que en este momento sí está tratando de hacer un cambio en el contrato social en México de alguna manera, no tan radical como la misma retórica oficialista lo está pregonando. Creo que más bien se están haciendo pequeñas reformas pero mucho del proyecto neoliberal todavía queda», comenta Harim Gutiérrez.

El investigador considera que, a pesar de las reformas, la Constitución mantiene sus principios, muy apegados a la Revolución Mexicana y que conectan con una buena parte de la ideología del obradorismo.

Por ello, considera que no existe una demanda popular por crear una nueva Carta Magna, porque la actual goza de una legitimidad que consolidó el régimen priista y que la convirtió en un «elemento esencial» de gobernabilidad.»Se ha reformado la constitución, pero al mismo tiempo creo que la idea de la Constitución de 1917 y sus principios básicos están muy acreditados en la población mexicana, y no creo que la población mexicana aprobara un cambio de Constitución con el mismo entusiasmo como la gente en Chile», opina el investigador.