La calidad del aire es un bien social que atañe a todos los mexicanos.

La normatividad mexicana prevé que todas las ciudades que tengan más de 500 mil habitantes o cuenten con una determinada carga industrial y automovilística monitoreen la concentración de emisiones a la atmósfera y publiquen informes periódicos.

Este es un reto pendiente en muchas ciudades, pero en el que es urgente avanzar. Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que el tiempo que los individuos están expuestos a contaminantes, aunado a sus patrones de conducta y a los microambientes en los que se desenvuelven constituyen factores que pueden provocar enfermedades y muertes prematuras. Estas afectaciones dependerán también de la predisposición genética, edad, estado nutricional o presencia de padecimientos cardiacos y respiratorios.

Por ello es indispensable que las autoridades locales cuenten con sistemas de monitoreo que les permitan saber si se está cumpliendo con la normatividad que fija los límites máximos de concentración de los diferentes contaminantes.

Para que todos podamos respirar un aire más limpio el gobierno de la República lanzó una Estrategia Nacional de Calidad del Aire (ENCA). Este instrumento, desarrollado por la SEMARNAT y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INNEC), tiene el propósito de orientar acciones en todo el país para controlar, mitigar y prevenir la emisión y concentración de contaminantes a la atmósfera con una proyección al 2030.

Para que la ENCA tenga éxito, será necesaria la colaboración entre autoridades tanto federales como locales, instituciones y sociedad. La ENCA exige reorientar las prioridades de la planeación urbana y las disposiciones que rigen el uso del territorio con el fin de desarrollar ciudades sustentables y transitar hacia procesos productivos amigables con el medio ambiente.

La ENCA busca fomentar el uso de energías limpias y renovables para contribuir a la mitigación del cambio climático y sus efectos. Del mismo modo, demanda disminuir sustancialmente los químicos tóxicos en zonas agrícolas, en microambientes como casas habitación y centros de trabajo, y ocuparse de los daños provocados por la lluvia ácida a la biodiversidad, especialmente de los causados a los recursos forestales.
En suma, la ENCA tiene como misión activar mecanismos de coordinación entre sectores y órdenes de gobierno para que, junto con la sociedad y mediante la gestión de la calidad del aire en las ciudades y el medio rural, se proteja la salud de las personas y la productividad de los ecosistemas.

Fuente: SEMARNAT

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