Así es la obra de los españoles ganadores del Nobel de Arquitectura

Se ha anunciado a los ganadores del premio Pritzker 2017. El premio es el más importante que puede recibir un Arquitecto y es considerado por muchos como el equivalente al Premio Nobel de la Arquitectura. Puedes ver los detalles del ganador aquí. (Mie, 01 Mar 2017)

Los arquitectos españoles Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta han sido galardonados con el Premio Pritzker 2017 “por su compromiso inflexible con el lugar” en el que trabajan para crear “espacios que están en relación con sus contextos”.

“Ya está, ya está, ya está…”. Carme Pigem (1962) está eufórica. Pero se expresa con contención.

Fue ella la que respondió al teléfono que anunciaba el premio. “Lo creí, porque con estas cosas no se bromea”, dice, pero desde entonces ha vivido con miedo a que se le escapase.

Reporteros de The New York Times o la CNN han llegado hasta Olot (Girona), donde ella y sus dos socios —su marido, Ramón Vilalta (1960) y Rafael Aranda (1961)— llevan casi tres décadas dedicándose a la arquitectura con una devoción casi religiosa.

Por eso la celebración del Premio Pritzker con sus 30 empleados en la antigua fundición que es hoy su estudio tiene algo de liturgia.

Es la primera vez que el premio lo obtiene un estudio catalán y que lo reciben, al tiempo, tres personas. Y es la segunda vez que recae en una firma española, después de que Rafael Moneo lo conquistara en 1996. RCR, despacho fundado en 1988, ve reconocida así su labor, con todos los honores, en el olimpo de la arquitectura contemporánea.

“El respeto por lo existente y la proyección de futuro, la convivencia entre lo local y lo universal” es lo que ha visto en sus trabajos un jurado preocupado por un mundo en el que lo genérico está arrasando lo particular.

La estrecha colaboración entre los tres proyectistas, la importancia de la artesanía frente a la industria y la búsqueda de la universalidad desde el cuidado de las raíces es lo que premia el Pritzker 2017 al reconocer a este trío cosmopolita y de pueblo que desde que se conociera, en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, apostó por diseñar a seis manos.

Los nuevos ganadores tienen claro qué otro arquitecto lo merecería: “Sin duda Enric Miralles”, contestan sin pestañear.

El jurado apreció en RCR, su “compromiso con el lugar y su narrativa”. También la manera en que su obra “armoniza la materialidad con la transparencia, entre el exterior y el interior”, logrando “una arquitectura emotiva y experimental”.

Asimismo, el jurado argumenta que “vivimos en un mundo globalizado donde confiamos en las influencias internacionales. Pero cada día más personas temen que esa influencia internacional les haga perder sus valores, artes o costumbre locales. Aranda, Pigem y Vilalta han demostrado que se pueden tener ambas cosas”.

Aunque varios dúos se han hecho con el premio —Herzog & de Meuron o Sejima y Nishizawa— esta es la primera vez que el galardón reconoce a tres arquitectos, subrayando así el componente colectivo de la disciplina.

Hoy en la mesa que los tres comparten hay más planos que cava. La decisión de sentarse juntos llegó cuando, con 24 años, regresaban de su primer viaje a Japón. “En el avión dibujamos la mesa de cerezo que hemos compartido durante 30 años”, señala Aranda. Si el trabajo en equipo salió de la escuela y el paisaje de su infancia en la comarca de La Garrotxa, lo que les descubrió su senda arquitectónica fue ese viaje.

En Japón aprendieron la importancia de diseñar el camino para llegar a los sitios. “Es fundamental ir encontrando la arquitectura, evitar que te asalte. Retrasar el encuentro multiplica las sensaciones y convierte un edificio en un descubrimiento”, explica de nuevo Vilalta.

Naturaleza

En ese camino hasta el edificio radica la importancia que este estudio ha concedido siempre al paisaje.

Tal vez por eso una de sus primeras obras, el Estadio Tussols-Basil de Olot (2000) sea una pista de atletismo singular salpicada por los árboles que llegaron antes que la pista.

Más allá de la tierra y la vegetación, también las personas han definido la arquitectura de RCR. “Las casas han sido nuestro laboratorio”, admite Carme Pigem. Sus primeros logros fueron casas extraordinarias para gente corriente, viviendas de vanguardia para un herrero, un carpintero o una peluquera del pueblo. Su vocación perfeccionista ha hecho que les persiguiera la leyenda de que obligaban a firmar contratos que impedían modificar sus obras. Ellos lo desmienten: “A lo que obligamos es a construir bien, luego el tiempo puede intervenir. No para tapar, para sumar. Cuando la arquitectura tiene consistencia, lo admite todo”, indica Vilalta.

Habían rediseñado medio Olot cuando, con mucha cautela, decidieron comenzar a trabajar fuera de su comarca. En el parvulario El Petit Comte de Besalú ensayaron una arquitectura más industrializada que también desarrollaron en las escuelas francesas de Font Romeu. En las Bodegas Bell-Loc de Palamós enterraron el edificio y en la plaza-puente-teatro de Ripoll urdieron una tipología triple que parece que siempre estuvo allí.

En 2009, la muestra del pintor francés vivo más cotizado se convirtió en la más vista en la historia del Pompidou. Para entonces, el propio Pierre Soulages ya había encargado a RCR el diseño del Museo al que dejará su legado en Rodez, no lejos de Olot, pero al otro lado de los Pirineos. RCR exporta su idea de una arquitectura arraigada y cuidada, lista para ser devorada por el mundo con proyectos como el Centro de Arte La Cuisine en Nègrepelisse (2014) o el edificio de apartamentos que acaban de concluir en Dubái, “tomándonos todo el tiempo que precisa construirlo bien”, puntualiza Pigem.

Los autores del flamante y rompedor restaurante Enigma de Albert Adrià en Barcelona fueron, mucho antes, los diseñadores del Les Cols, de nuevo en Olot: “Entre huertos y gallinas por primera vez tuvimos que plantearnos cómo hablar a lo que ya existía”. Decidieron hacerlo de tú a tú: sin alterar el lugar pero dirigiéndose a él con voz propia.
El nombre de la chef Fina Puigdevall va asociado desde entonces al de estos tres arquitectos. Juntos dejaron claro cómo la vanguardia y la alta cocina deben convivir con la agricultura y el kilómetro cero. Algunos maestros modernos descubrieron cómo viajar por el mundo lleva a recuperar las raíces.

RCR defiende lo contrario: son las raíces lo esencial para poder volar. En la otra parte del planeta, precisamente en Japón, en el Palacio Akasaka de Tokio, será donde el próximo 20 de mayo Carme Pigem, Ramón Vilalta y Rafael Aranda recojan, finalmente, su Premio Pritzker.

Materiales

“La clave de la arquitectura –dice Ramon Vilalta – es que dé algo positivo a las personas. No nos interesan los problemas de la forma. Preferimos hablar de la arquitectura como de una experiencia espacial. Al proyectar intentamos atender no sólo las necesidades de cobijo, sino poder dar también una parte espiritual, que va más allá”.

Fuente: Boletín de Arquitectura.

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